Somo así… y nos gusta

Que el cau transforma a las personas no tengo ninguna duda. Haciendo submarinismo por la red he encontrado este texto y sólo puedo decir que cuanta razón. Apunto a la lista de cosas pendientes escribir uno que explique en primera persona lo que yo siento.

Nos llaman “xirucaires”. Kumbas. Los despistados nos dicen boy scouts. Algunos no entienden que nos guste dormir en el bosque. Otros se sorprenden de que dediquemos horas sin cobrar. Y lo mejor de todo es que nos da igual lo que se piense. Nos gusta colgar en la mochila la sartén y la cantimplora que nunca cierra bien. Nos gusta ponernos a andar con las legañas pegadas sin saber a qué hora comeremos. Nos gustan aquellas botas marrones que no son gore-tex ni gore-nada y que se mojan muy pronto. Nos gusta repetir mil veces aquella anécdota que sólo hace gracia a los implicados.

Lo mejor es que con dos “gomets” en las mejillas te haces un disfraz. Lo mejor es que unas manitas de seis años hagan las croquetas de la cena. Lo mejor es cuando escondes los lagrimones de añoranza bajo una gorra y alguien se da cuenta. Lo mejor es ensuciarte de barro, pintura y harina al mismo tiempo. Lo mejor es que el pan con vino azúcar sea tan dulce, el agua del arroyo sea tan fría, el saco de dormir sea tan grueso, las pilas de la linterna sean tan efímeras.

Ser de cau es ser reversible. Existe la parte de fuera, la de reír y gritar, la de cantar y jugar, la de observar y crear. También está la parte de dentro, la de dar y recibir, la de decir y escuchar, la de descubrir y descubrirse. La idea de grupo es hacer una cima, compartir es pasarse el plato de ensalada, hacer grupo es estar cuando el juego de noche da miedo.

Un montón de años multiplicados por cientos de sensaciones dan un total de miles de experiencias. Son aquellas que hemos vivido todos los que sabemos porque cuarenta años son tan importantes y sobre todo porque nos gusta ser como somos.

No hace demasiados días volví a merendar pan con vino y azúcar. Y sé perfectamente que tengo guardado el fular y también sé dónde tengo aquellas chirucas hechas caldo. Y esas fotos que nunca me canso de mirar. Y es que somos así … y nos gusta.